domingo, 3 de mayo de 2009

Por ellos...


Su vida se había convertido en ese lugar al que ella ya estaba cansada de regresar. Era cansada, lenta, sin emoción. Sólo esas dos luces que fue capaz de concebir con amor fueron las que la levantaban por las mañanas con ganas de luchar un día más. La animaban a seguir adelante, a dar todo de sí por ser feliz con ellos. Estaba descuidada, delgada, casi sola. No se hallaba en ese lugar al que empezó a pertenecer hace ya bastantes años: su hogar. 

Empezaba a desacostumbrarse a él, a querer huir de ahí, quería gritar con todas sus fuerzas y así liberarse de ese rencor que empezaba a sentir por quien en un principio amó. Ese complemento de su vida ahora se convertía en la pieza de un nuevo rompecabezas que ella no sabía armar. Él se convertía en ese algo ajeno a su vida, ajeno a su alma, ajeno a su amor. 

Ella lo esperaba con emoción en un inicio, ahora sólo quería que estuviera allí para sentirse pro tejida. Ahora esperaba a ese amor que cree algún día encontrará, ese amor que necesita para sentir que su vida está completa, ese gran amor que toda mujer quiere encontrar como regalo a su entregada vida. Ella se lo merece. Merece a ese hombre capaz de amarla con sus defectos y virtudes, que la respete como mujer y como madre, que ilumine su mirada todas las mañanas con una palabra de amor, que le llene el alma de alegría y comparta más que gritos y quejas. 

La soledad entraba a su casa cada mañana y se apoderaba de su alma día con día, año con año. Ella abrazaba fuertemente a sus hijos y se llenaba de fuerzas para luchar contra ella. Miraba ellos como se reían y ella sonreía también; renegaba a veces, pero su amor de madre no permitía que eso manejara su vida. Esa mujer de carácter fuerte y de alma sensible estaba a punto de dejar ir todo, pero pensaba en esas luces de vida y regresaba a la realidad junto con ellos. Jamás los dejaría solos, porque ella puede dejar a ese hombre que la lastima y la quiere amilanar, pero jamás dejaría su vida en esa casa, a sus vidas, a sus dos grandes amores: sus hijos. 

Para mi tía Lilly, una de las mujeres más valientes que he conocido. Te quiero mucho!

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