miércoles, 9 de febrero de 2011

De regreso...


A quien me hizo feliz con ser solo el mismo.


Eramos muy diferentes. De eso me di cuenta desde la primera vez que te vi. Tenías una sonrisa en el rostro y yo traía un ánimo de pocos amigos. Creo que llegaba predispuesta por algo que sabía.


Verte después de varios meses fue extraño. Sí. Sabía que tanto habías cambiado mi forma de ver la vida, pero no era lo mismo estar frente a ti que hablar a través de una fría computadora. Y es que hay veces en que una sensación no se puede explicar. Tenía unas ganas locas de darte un abrazo y un beso, pero por alguna extraña razón me contuve - yo diría más bien una estúpida razón-.

Después de ese día me di cuenta que nada sería igual. Había tenido esa sensación antes. Ya había sentido esas mariposas revoloteando en mi estómago y esa angustia de no saber si mirarlo a la cara y hacer como si no estuviera allí. Era horrible sentirse así.

Luego de nuestro primer acercamiento me sentí más confiada. Era como estar con alguien que conocía ya mucho tiempo - pero sin conocerlo-. Sí, pensé que ya sabía suficiente de ti, pero con el pasar de lo días me di cuenta de que ese que se decía mi amigo era muy diferente ahora. Era de esos que besan a una chica por simple gusto y que podía decir cosas con unos tragos encima y olvidar la siguiente mañana. Te convertías en alguien a quien yo ya había conocido y yo empezaba a decepcionarme.

El día en que llegó ese mensaje que decía: Tenemos que hablar. Me odiarás por esto. A mí se me escarapeló el cuerpo. No sabía que pasaría después de esa conversación. Y me dio miedo alejarme de ti.


Y es que equivocarse con un amigo se paga a veces muy caro. Y yo no tenía miedo de perder al chico que empezaba a agradarme, sino a mi amigo. A ese al que yo le contaba casi todo, el que me daba un consejo o me hacía salir de mis casillas con sus bromas pesadas. Y lo olvidaba. Ese que hizo que mis celos llegarán a su tope con sus historias de amor.

Y entonces empecé a saber más de ti. Sé que no deseas llegar a viejo, que te gusta el seco de chavelo, el color verde y que crees que ser malo con los demás hará que nadie sufra por ti cuando ya no estés aquí. Te equivocas. Hay quienes saben querer a alguien que tiene todos los defectos del mundo y una sola virtud - y me incluyo-. Ahora también sé que eres capaz de lastimar anticipadamente cuando sientes que puedes salir lastimado tú. Y te hago la pregunta otra vez. ¿Cuándo piensas en los demás? ¿En qué momento te detienes y te preguntas cómo se sentirá la otra persona si la abandonas sin previo aviso?

No sé porque razón, pero yo me di cuenta de que saldría lastimada si todo seguía como hasta ese momento. Así que detuve el proceso de enamoramiento. Sí. Estaba entrando a ese estúpido proceso y me di cuenta de que no tenía sentido. Tú solo buscabas a alguien que estuviera ahí para ti y no estar tú para ella. Extraña idea que yo no compartía, pero que sin embargo acepté.

Horas después de estar lejos de ti, puedo decirte que estoy tranquila porque sigues ahí. Porque sé que seguimos siendo los amigos de siempre. Y sabes qué? Yo soy feliz así.

Gracias por, de alguna manera, ayudarme a librarme de mi pasado. Por sacar mis malos pensamientos a flote. Por preocuparte por mí y no querer que me acerque a alguien que quizá no lo merece. Por los abrazos desprevenidos que muchas veces me hicieron sentir fortalecida y por ser solo tú en el momento preciso.

PD: No me arrepiento de nada. Te quiero mucho y eres el mejor amigo de todos.

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