Mis ojos habían sido tentados por tan perfecta figura. No sé por qué, pero no podía contener mis ganas de volver a mirarlo. Empecé a observalo de arriba hacia abajo, de lado a lado y no podía concebir tanta belleza en un solo ser. Sus ojos brillaban intensamente y yo me deslumbraba.
Las luces se apagaron y entonces solo pude oír su voz. Por qué no crees que existo? Dame la oportunidad de demostrarte que estoy aquí...vine para ti, dijo. No sé qué pasó por mi mente en ese momento, sólo sé que me arrojé en sus brazos y le pedí que no se fuera.
Él me tomó de la mano, me sentó sobre la cama y se colocó silencioso a mi lado. Sentí un calor inusual en mi cuerpo y de pronto su mano tocó mi rostro con una delicadeza única. Me acarició tiernamente por unos segundos y habló en voz baja: La vida no es lo que parece, es más sencilla. Parece que tú te has empeñado en hacerla complicada, dolorosa. Por qué? No tiene sentido. A veces te he oído decir que no tienes a nadie, que te sientes sola. Cómo puedes decir eso? Te tienes a ti, me tienes a mí y eso basta.
Una tranquilidad invadió mi ser. Entonces apreté fuertemente sus manos y me dije - hacia mis adentros - que no sabía como hacer las cosas bien, que necesitaba de alguien. Quizá me escuchó, no lo sé. Sólo le oí decir que nadie sabe como hacer las cosas y en eso está la razón de vivir. En experimentar situaciones nuevas, en estar a cada momento en algo desconocido y tener miles de opciones para cambiar el destino de nuestras vidas.
Las luces se apagaron y entonces solo pude oír su voz. Por qué no crees que existo? Dame la oportunidad de demostrarte que estoy aquí...vine para ti, dijo. No sé qué pasó por mi mente en ese momento, sólo sé que me arrojé en sus brazos y le pedí que no se fuera.
Él me tomó de la mano, me sentó sobre la cama y se colocó silencioso a mi lado. Sentí un calor inusual en mi cuerpo y de pronto su mano tocó mi rostro con una delicadeza única. Me acarició tiernamente por unos segundos y habló en voz baja: La vida no es lo que parece, es más sencilla. Parece que tú te has empeñado en hacerla complicada, dolorosa. Por qué? No tiene sentido. A veces te he oído decir que no tienes a nadie, que te sientes sola. Cómo puedes decir eso? Te tienes a ti, me tienes a mí y eso basta.
Una tranquilidad invadió mi ser. Entonces apreté fuertemente sus manos y me dije - hacia mis adentros - que no sabía como hacer las cosas bien, que necesitaba de alguien. Quizá me escuchó, no lo sé. Sólo le oí decir que nadie sabe como hacer las cosas y en eso está la razón de vivir. En experimentar situaciones nuevas, en estar a cada momento en algo desconocido y tener miles de opciones para cambiar el destino de nuestras vidas.
De repente, un frío estremecedor se introdujo en mi habitación, yo tomé una frazada y me cubrí totalmente el cuerpo. Las luces se volvieron a encender, un girasol estaba a los pies de mi cama...él ya se había ido.
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